Y el reality show sobre el ballet inicio el domingo 3 de abril por la noche. En el podemos destacar algunos elementos esperanzadores para tener un programa atractivo.
En primer término es la presencia de los maestros-jurados: Cuauhtémoc Nájera, Laura Morelos, Raúl Fernández y James Kelly. Los tres primeros ex bailarines principales de la Compañía Nacional de Danza; el primero además ex director de dicha compañía.
Todos tienen la particularidad de un conocimiento exento de pedantería que ayudará en los momentos de divulgación de los saberes en torno a la historia, repertorio y técnica del Ballet. Lo que parece un poco desgastado es esa forma de entrevista en un sillón con un librero detrás. Los cuatro se llevan bien, retratan bien, los comentarios en las audiciones, en aparente fuera de cámara fueron muy ingeniosos y hasta divertidos.
Una de las aportaciones iniciales del programa es que le creemos de manera fehaciente a Cuauhtémoc como director artístico del proyecto. Él tiene la encomienda de aprovechar las potencialidades artísticas de los participantes. Su experiencia y capacidad de diálogo con los bailarines que participaron en las diversas audiciones así lo demuestra.
Caso contrario con Sasha Sokol, una cara bonita contratada por los productores para atraer a los espectadores de otros ámbitos artísticos. Su participación fue menos que discreta, sólo anunciando los premios a los ganadores. Ojalá siga así y no adquiera un protagonismo que no necesita el programa.
Lo que sí necesita es dejar la intención de provocar lástima al mostrar las penalidades y sufrimientos de los bailarines. La grabación del llanto de los aspirantes rechazados se repitió hasta el aburrimiento. Un tono melodramático recurrente no le dará el éxito a la emisión, sino mostrar el talento de los participantes y la riqueza de movimiento y la danza.
El programa inicio con cierto interés, el mostrar las audiciones en varias ciudades del país. La exigencia de los jurados, el entusiasmo de los bailarines. Una edición que daba un ritmo fluido y entretenido. Sin embargo, éste decayó por la repetición de prácticamente lo mismo, audición tras audición provocando al final una aburrida monotonía. Quienes salvaban la situación fueron otra vez los maestros y sus comentarios.
Ya con los participantes seleccionados y con tareas específicas por realizar, la producción del programa deberá demostrar su capacidad en la realización televisiva. No sólo se trata de una emisión documental de la vida cotidiana de bailarines de danza, sino un programa de televisión de un arte: la danza que tiene múltiples aristas por explotar. Un reality show con un tema cultural.
Bien inicia Opera prima en Movimiento con otro ingrediente primordial, que el propio Cuauhtémoc anuncia: el talento y la entrega de cientos de jóvenes por el arte. Sólo veinte fueron seleccionados, pero son la muestra de la vocación por una disciplina. Ayudará mucho las preguntas sobre sus motivaciones, sobre que sienten o piensan mientras están ahí girando o saltando; mientras nos sorprenden y maravillan.
Muchas más maravillas esperamos de Opera Prima en Movimiento, producción del Canal 22 de México