Cantos civicos

Una de las obras con que se inaugura el MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo) es Cantos Cívicos. De entrada se trata de una intervención, con las implicaciones que el término tiene en el arte actual. Y lo es en el sentido que modifica el espacio de una de las salas del museo, que se convierte en el contenedor de una enorme estructura. En la interpretación podemos decir que simula un cerebro tridimensional de gran formato por el que puede deambular la gente. Entonces nos sentidos dentro del cerebro o de túneles-laberinto por los que se mueven animales de laboratorio.

El armatoste realizado por Miguel Ventura como parte del proyecto NILC (Nuevo Consejo Interterritorial de Lenguas) contiene una saturación de imágenes recurrentes en torno al nazismo: suásticas, retratos de militares alemanes, identificaciones, uniformes) y luego recreaciones con actores que simulan a estos personajes en fotografías trucadas.

Las paredes están cubiertas por material plástico de moda el “fuomi” con el que se elaboran pisos y paredes de suásticas. El color de estos elementos es muy llamativo rojos, amarillos y negros que cubre todo el interior del “cerebro”. A esto se agregan etiquetas, escudos. Además de una colección de animales disecados colocados en diferentes partes de la instalación.

A esto elementos se agrega, un “dispositivo que mueve, por los impulsos de ratas de laboratorio entrenadas, interruptores y el sistema de iluminación. Lástima que el día de la inauguración aún no estaban listas, probablemente su entrenamiento aún no concluía en la facultad de psicología de la UNAM. Y entonces no pudimos confirmar las acciones del “cerebro” dentro del cerebro.

Para corroborar que el  exceso es la característica de esta obra. Además de la exagerada decoración y la intervención de ratas de laboratorio como operadoras de un sistema automático, se suma a las partes la interpretación de cantos corales en unas tribunas en la parte superior, algo que tampoco vi en la inauguración, pero que podría ser escuchado en ocasiones posterior gracias a grabaciones.

Con todo esto, seguro es que Miguel Ventura algo nos quiere decir. Aquí no valdría la interpretación de una obra de arte sólo como un impulso emotivo. En Cantos Cívicos está el impulso pero arropado con una fuerte carga conceptual e intelectual. La obra nos habla del nazismo y de todos esos tipos de totalitarismos que manipulan a las masas para convertirlas en el proletariado que mueve las fuerzas productivas (las ratas de laboratorio). Pero también un ambiente sobresaturado de información y de “iconografía” de mensajes y publicidad. Amén por supuesto de la crítica específica a la barbarie humana personificada por el nazismo y sus creencias no sólo bélicas, sino estéticas y éticas. Luego los cantos, que con toda seguridad le dan nombre a la obra, aquellos que sufrimos en la infancia y con los que nos llenan de aires patrióticos e identitarios: los himnos a todo, que además nos venden como una posibilidad de aprendizaje artístico. Y todo esto en un singular dispositivo que nosotros mismo habitamos y modificamos al entrar y leer y vivir.

Sólo nos queda ver la obra completa y confirmar ciertas reacciones que suponemos ciertas y que tan sólo en el planteamiento nos sorprenden. Sin embargo, ya es una buena experiencia la de Cantos Cívicos que anticipa, ojalá, otras futuras obras en este museo apenas abierto y que ya marca un estilo.

 

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